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En este artículo:
- El regreso: el trabajo como espacio de identidad
- Mi camino: la suerte y el derecho
- El mito de la elección perfecta y la carga mental
- Estrategias de supervivencia cotidiana
Con motivo del Primero de Mayo, el Día del Trabajador, me detuve a reflexionar sobre una pregunta que me han hecho cientos de veces: "¿Cómo haces para trabajar con tres niñas?".
La verdad es que no siempre es fácil y no existe una fórmula mágica, ni un equilibrio perfecto que, una vez alcanzado, se mantenga. Existe un delicado equilibrio que cambia cada día, hecho de elecciones, renuncias y prioridades que se desplazan.
Pero apoyado en lo que para mí es una necesidad: sentirme 'íntegra'.
El regreso: el trabajo como espacio mío

A menudo se lee que volver al trabajo después de la maternidad es un trauma. Para mí no fue así.
Cuando volví a trabajar después del nacimiento de mi primera hija, estaba tranquila. Claro, convertirme en madre me llenó de una sensación de amor inmenso, pero el período de maternidad también fue un momento de soledad.
Recuerdo que me faltaba hablar con una persona adulta. Me faltaba hablar de otra cosa además de ella. Volver a trabajar me ayudó a recuperar un espacio mío. Sin restarle nada a mi ser madre, me permitió volver a ser Lucia. 🤍
Mi camino: una adaptación continua
Mi carrera no ha sido una línea recta, sino una adaptación a los latidos del corazón de mi familia: fui empleada a tiempo completo, luego pasé a la jornada parcial después de mi segunda hija, hasta la decisión de dedicarme totalmente a ellas durante un par de años después de la tercera. Finalmente, nació LAPEPIA, mi desafío como autónoma.
Sé que he tenido suerte. Mi regreso a la empresa fue tranquilo, fui acogida y respetada en mis nuevos ritmos. Pero sé muy bien que, lamentablemente, esta no es la normalidad para todas.
En un país donde todavía demasiadas mujeres, al regresar de la maternidad, se encuentran ante escritorios desplazados o responsabilidades disminuidas, hablar de 'elección' y 'equilibrio' puede parecer un lujo.
Aún más porque faltan las bases: guarderías accesibles, permisos parentales iguales y el peso del bienestar sobre los hombros de las familias (y casi siempre de las madres). Sin apoyos estructurales, la 'elección' a menudo se queda solo en el papel.
Mi deseo para este Primero de Mayo es que mi experiencia se convierta en el estándar. Que el trabajo se convierta en un derecho que potencie la identidad de una mujer, y no en un obstáculo que la castigue por haber dado la vida.
Cada elección es válida (e inmensa)
Me importa decirlo con claridad: no existe una elección mejor que otra. Existen mujeres que encuentran su realización dedicándose totalmente a la familia, y mujeres que, como yo, necesitan nutrir también una dimensión profesional para sentirse en equilibrio. Ambos caminos son válidos, ambos trabajos son inmensos.
El punto no es 'qué' hacemos, sino 'cómo' estamos mientras lo hacemos.
La soledad que yo sentía no era culpa de mis hijas, sino que era la señal de que, por mi naturaleza, necesitaba reabrir una ventana al mundo adulto. Para otra madre, esa misma ventana podría ser un pasatiempo, para otra aún más disfrutar cada instante del crecimiento de sus hijos sin ruido alrededor.
La libertad está en poder elegir, sin sentirse juzgada.

Los pesos invisibles: Carga Mental y Rendimiento
Además del trabajo hay otro compromiso, silencioso y constante: la carga mental. Es esa infinita dirección invisible hecha de encajes logísticos, compromisos varios y necesidades emocionales de los hijos que nunca deja de girar en segundo plano.
A esto se suma la presión de un rendimiento constante. La sociedad nos pide ser profesionales como si no tuviéramos hijos y madres como si no tuviéramos un trabajo. Es una trampa que nos empuja hacia una perfección imposible, dejándonos a menudo agotadas.
Aprender a reconocer este esfuerzo invisible y aceptar que no tenemos que 'ganar' en todos los campos, todos los días, es el primer paso.
Desenmascarar el mito de la culpa
La culpa es generada por una expectativa social, no por una realidad biológica.
Debemos recordarnos que la calidad vence a la cantidad: una hora de presencia real vale más que un día entero vivido con la cabeza en otro sitio. Una madre que elige no perderse enseña a sus hijos que el amor nunca requiere el sacrificio de la propia identidad y que es posible cuidarse a una misma sin dejar de amar..
Estrategias de supervivencia (reales)
El equilibrio emocional se apoya en una base logística. Esto es lo que he aprendido con tres hijas:
- La rutina libera espacio mental, puede parecer aburrida, pero protege tu serenidad.
- Pedir ayuda, cuando y si es posible, no es un signo de debilidad sino de supervivencia. Sé que no todas tenemos una red o los medios para delegar (y es aquí donde el sistema falla), pero donde haya un espacio, ya sea la pareja o un gasto hecho en línea para ahorrar una hora de tiempo, debemos aprender a tomarlo sin culpa.
- La regla del 'suficientemente bueno', hice las paces con la casa no perfecta y con los 'no' dichos para proteger mi tiempo.
Conclusión: un deseo de libertad
En esta fiesta de los trabajadores, mi pensamiento va a todas las madres que están buscando su camino. Nunca serás "suficientemente" perfecta para todos, pero ten paciencia, eres perfectamente suficiente escuchando tus necesidades.
Tus hijos necesitan una madre presente, pero también una mamá 'íntegra', y este es el deseo: que estas dos cosas puedan coexistir.
Feliz Primero de Mayo a todas las madres: a las que trabajan en casa o fuera de casa, a las que buscan trabajo y a las que, cada día, trabajan para no perderse a sí mismas.
Con amor,
Lucia 🤍
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